La Deformación Histórica del Macho Cabrío
En los anales de la superstición teológica, pocas imágenes han sido tan injustamente deformadas como la del Macho Cabrío de Méndez, aquel supuesto demonio que la Iglesia medieval atribuyó a los templarios y a los antiguos masones como objeto de culto profano.
Pero este símbolo —convertido por el prejuicio en emblema de tinieblas— tiene su raíz en la más pura tradición de la sabiduría egipcia, y su verdadera naturaleza ha sido completamente mal interpretada por la exégesis religiosa posterior.PUEDES ESCUCHAR EL AUDIO DE ESTE ESCRITO
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Baphomet El andrógino chivo–cabra de Mendes. (Véase: Doctrina Secreta de HPB, T I, 253).
«Según los cabalistas occidentales y especialmente los franceses, los templarios fueron acusados de adorar a Baphomet, y Jacques de Molay, Gran Maestre de los templarios, con todos sus hermanos masones, sufrieron la muerte por ello. Pero esotérica y filológicamente, dicha palabra nunca significó “chivo”, ni siquiera cosa alguna tan objetiva como un ídolo. El término en cuestión significa, según Von Hammer, “bautismo” o iniciación en la sabiduría, de las voces griegas Bafe y metis, y de la relación de Baphometus con Pan. Von Hammer debe de estar en lo justo. Baphomet era un símbolo hermético–cabalístíco, pero toda la historia, tal como la inventó el clero, es falsa.»
El llamado demonio cabrío nunca existió como tal; fue el producto de la imaginación teológica y del temor clerical hacia los misterios antiguos. El dios de Méndez, en realidad, era Amón, el viviente y santo espíritu de Ra, el Sol dador de vida. En los tiempos precristianos, Amón–Ra era considerado el dios oculto, el Engendrado de sí mismo, “su propio padre y su propio hijo”: una representación sublime del Principio divino que contiene en sí mismo el poder de manifestarse y regenerarse eternamente.
Con el paso de los siglos, este símbolo solar fue degradado hasta ser confundido con la figura de Pan, el dios de la Naturaleza, el Todo viviente (Pan significa literalmente “el Todo”). Pan, mitad humano y mitad cabra, era en verdad una personificación de la fuerza vital universal, el alma que palpita en la materia. Su pie hendido —símbolo de la dualidad inherente a la manifestación— dio origen al error de identificarlo con una res cabría demoníaca, lo cual fue aprovechado por la Iglesia para infundir temor hacia las antiguas religiones de la luz.
El nombre Méndez, por otra parte, proviene del término egipcio Pa–bi–neb–tat, “la morada de Tat, el Espíritu, Señor de Tat”. Los griegos, al transcribirlo, alteraron su sonido en Bendes y más tarde en Méndez, derivando de allí el malentendido del “dios cabrío”. Sin embargo, en su sentido esotérico, Méndez no representa una deidad infernal, sino la Naturaleza Divina en acción, el Espíritu que anima y sostiene todas las formas.
De este modo, lo que la ignorancia teológica convirtió en símbolo de oscuridad, fue en realidad uno de los emblemas más antiguos de la vida universal, de la fuerza creadora que se manifiesta en los mundos visibles.
Así, el “Macho Cabrío de Méndez” no fue jamás un demonio, sino un signo de la unidad entre lo espiritual y lo material, entre el cielo oculto y la tierra viviente.
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