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martes, 18 de agosto de 2026

¿Qué es el karma? Explicado desde la filosofía budista


justicia divina; el karma; simbolismo esotérico

El karma o karmán es una palabra que viene del sánscrito y significa literalmente acción. Pero a nivel profundo es mucho más, es la ley de causa y efecto, la justicia ética del universo. A veces escuchamos la palabra nemesis, que se refiere específicamente al mal karma. Este es el poder que conecta todo lo que nos pasa. Cada pensamiento, palabra y obra, ya sea consciente o inconsciente, genera una consecuencia inevitable. Por eso, existe un karma de mérito, positivo y uno de mérito negativo. Es crucial entender algo, el karma no premia ni castiga. No es un juez, es una ley universal que opera de forma automática e imparcial, dirigiendo el flujo de la vida 


El budismo nos enseña que el karma es nuestro núcleo moral, de hecho, es lo único que sobrevive a la muerte física y nos acompaña en la reencarnación. Esto significa que cuando una vida termina, lo único que queda en el universo, son las causas que sembramos. Estas causas son imborrables, hasta que se equilibran con sus efectos correspondientes. Si no compensamos nuestras acciones en esta vida, esas consecuencias seguirán a nuestro yo superior en la siguiente encarnación, repitiéndose hasta que la armonía universal quede totalmente restablecida.

En resumen, nuestras causas son lo que pensamos, decimos y hacemos, y los efectos son, simplemente, el resultado de lo que sembramos. Nuestra personalidad terrenal, lo que llamamos el ego inferior, con todos nuestros instintos, miedos y rasgos físicos, no puede entrar al mundo del espíritu puro porque es pasajera. Sólo lo que es inmortal y divino en nosotros, nuestro yo superior, o el Cristo interno, vive para siempre. Este yo superior es el que, después de descansar en el devachán, un estado de paz celestial elige una nueva personalidad como vehículo para volver a encarnar. Es a través de este cuerpo y mente nuevos que experimentamos los efectos del karma que sembramos en el pasado. Por eso se dice que el karma es lo único que sobrevive a la muerte. Piensa en esto, si un hombre se ahoga no es culpa de la ola, sino de sus propias decisiones que lo llevaron a meterse al océano.


el karma

El karma no crea tu destino ni te condena, tú creas las causas y la ley kármica solo equilibra los efectos. Es un mecanismo de armonía universal. Imagina la rama de un árbol, si la doblas con violencia y te sueltas, va a regresar a su posición original con la misma fuerza. Si al regresar te rompe el brazo, es culpa de la rama o de tu propia imprudencia. A diferencia del dios castigador e irascible que pintan algunas religiones, el karma jamás destruye tu libertad ni oculta sus reglas para confundirte.


El universo no castiga a quien busca respuestas. Al contrario, quien estudia, medita y logra descifrar el laberinto de la vida, no solo se ayuda a sí mismo, sino que trabaja para el bien de la humanidad. 

El karma es una ley absoluta y eterna. Por eso, quienes creen en él no son ateos, materialistas ni fatalistas, al contrario, entienden que esta ley es la manifestación visible de una fuerza universal, inteligente y divina. Es muy importante aclarar que cuando la filosofía habla del ego, no se refiere al egoísmo o a la soberbia. En las enseñanzas profundas, el ego es nuestro ser espiritual, nuestro yo divino y verdadero.


En la filosofía esotérica, el ego, del latín yo, es la identidad ilusoria o falsa personalidad. Se le define como la consciencia limitada que nos hace creer que somos seres separados del resto del universo. A menudo se divide en dos aspectos, la personalidad mortal y terrenal, y la individualidad, el alma inmortal. Un dato clave, el ego o personalidad inferior no reencarna. Cuando el cuerpo físico muere, el alma humana se separa de él. Nuestro yo divino asciende a su morada eterna llevando consigo los skandhas, que son como un disco duro con el registro y las huellas kármicas de lo que fuimos, guardadas para el próximo nacimiento. Y ¿qué pasa con los restos de la personalidad que dejamos atrás? Se convierten en un cascarón vacío. En la India, a este estado lo llaman Kamarupa, donde kama es el deseo, pasiones y «rupa» es forma. Entonces, en dicho estado, caen en un lugar infra-dimensional, tipo vertedero llamado Kamaloka, lo que en la Biblia se comparaba con el gehena o el infierno. Es un lugar donde este desecho de personalidad se va desgastando y disolviendo lentamente, desprovisto de mente y espíritu. Este proceso de desintegración total puede tardar entre 100 y 200 años, dependiendo de qué tan apegada a lo material o pecaminosa haya sido la persona en vida.

Por otra parte, aunque existen muchas clasificaciones del karma, los grandes sabios orientales destacan una triple división fundamental que todos deberíamos conocer.

1. El karma acumulado, Sanchita Karma. Es todo el equipaje latente, una reserva enorme de causas y acciones que hemos ido acumulando a lo largo de muchas vidas y que todavía no ha dado frutos.

2. El karma activo. Prarabdha Karma, este es el karma maduro, el que nos toca enfrentar justo ahora. Determina nuestro carácter actual, nuestros talentos innatos y las circunstancias inevitables que nos rodean en esta vida presente.

3. El karma nuevo, Kriyamana Karma. Es el que estamos creando en este preciso momento. Cada decisión, pensamiento y acción de tu día a día, está sembrando las semillas de lo que será tu destino y tu carácter en el futuro. Entender esta triple división nos da un superpoder, Prarabdha, aunque hay eventos del pasado que ya son inevitables, nuestro yo superior tiene la capacidad de modificar nuestras tendencias actuales y elegir qué nuevo karma, Kriyamana, sembrar para el mañana.

Esta división, que expone J.C. Chatterji en la filosofía esotérica de la India, es la misma que hallamos en la de Annie Besant, Sabiduría Antigua.

Aunque el karma suele asociarse a las filosofías orientales, la realidad es que esta ley es universal y se encuentra en las bases de nuestra propia cultura. De hecho, es la misma enseñanza original que recibió el pueblo hebreo en el libro del éxodo bajo la famosa ley del Ojo por Ojo, antes de que las interpretaciones posteriores la distorsionaran. El propio Jesús lo dejó muy claro en el Evangelio de Mateo cuando advirtió, "no juzguéis para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis, seréis juzgados y con la medida con que me dis, os será medido".

También lo reafirmó con una frase contundente que seguro conoces. Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. Por su parte, San Pablo expresó este mecanismo cósmico de una manera muy visual, en la carta a los gálatas al escribir, "todo lo que el hombre sembrare, eso recogerá". Esta es exactamente la misma sentencia que encontramos en los textos sagrados de la India, los puranas, que nos recuerdan que todo ser humano recoge, tarde o temprano, las consecuencias de sus propias obras. Como puedes ver, la ley del Karma no funciona sola, está unida de forma inseparable a la reencarnación. Y no solo nos afecta a nivel individual. Existe también el Karma colectivo, que es el que impacta a una familia, a un país o a la humanidad entera. Este Karma es la suma de las fuerzas y decisiones de todas las personas que forman ese grupo, empujándolas a compartir un mismo destino.

Extractos de enseñanzas teosóficas de H.B Blavatsky

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