En el mundo antiguo, la danza nunca fue un simple entretenimiento. Para las grandes civilizaciones como la India, Egipto, Grecia y Roma, mover el cuerpo al ritmo de la música era una forma de oración, una ciencia astronómica en movimiento y una llave para abrir portales de conciencia. Veamos que nos dice H.B Blavatsky al respecto;
H.P. Blavatsky nos recordaba que estos bailes antiguos eran alegóricos (historias o símbolos que representan verdades espirituales profundas). No se bailaba para ser visto, sino para sintonizar el cuerpo humano con las leyes del universo.
Aquí desglosamos los tres grandes pilares que explican el poder de la danza sagrada:
1. El Espejo del Cosmos (Astronomía Viviente)
Las danzas sagradas imitaban el orden del universo. Cuando las gopîs (pastoras místicas de la tradición hindú) bailaban en círculos alrededor de Krishna, o cuando los derviches giróvagos del sufismo mahometano giran sobre su propio eje, están replicando el movimiento de los planetas alrededor del Sol. El danzarín se convierte en un átomo consciente que fluye con el orden cósmico (macrocosmos), recordándonos que el universo mismo es una danza eterna de energía.
2. El Cuerpo como Templo de la Creación
Blavatsky menciona que estas danzas celebraban las "funciones de la generación". En la antigüedad, la fertilidad, el nacimiento y la fuerza vital no eran tabúes, sino procesos sagrados. Danzas como las de las Amazonas en los Misterios (ritos religiosos secretos y sagrados de la antigüedad) o el famoso baile del Rey David ante el Arca de la Alianza usaban el movimiento libre —e incluso la desnudez— para romper las barreras del ego y honrar a la vida en su estado más puro y divino.
3. Trance y Éxtasis: El Acceso a lo Invisible
¿Por qué algunos profetas y derviches bailaban hasta el agotamiento? Al girar o saltar a velocidades increíbles, el cuerpo entra en un estado vertiginoso (un trance profundo provocado por el movimiento repetitivo).
Al saturar los sentidos físicos, la mente lógica se apaga y el alma experimenta el "entusiasmo divino" (que originalmente significa "estar lleno de Dios"). En ese espacio de vacío y conexión, el danzarín se convierte en un canal limpio a través del cual la divinidad puede pronunciar oráculos (mensajes o profecías inspiradas directamente por lo divino).


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